Fundar una startup vs montar un negocio

Ingeniero de Caminos y Emprendedor Innovador.
Presidente de Tecment Tecnología y Gestión Constructiva SL (NIGHTWAY, MATEC-Q), y miembro de la junta directiva del Instituto Valenciano de la Empresa Familiar (IVEFA)

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Con frecuencia, algunos conceptos no se valoran correctamente, no es lo mismo montar un negocio (o empresa de nueva creación tradicional) que fundar una startup.

Montar un negocio consiste en buscar una ventaja competitiva,  por ejemplo “en esta calle no hay pastelerías cercanas pero sí hay clientes potenciales por proximidad”. En definitiva, se busca una demanda no cubierta de un determinado producto o servicio tradicional, aportando siempre alguna ventaja competitiva, ya sea calidad o precio, o emplazamiento geográfico.

Cuando se inicia un negocio, se evalúa la inversión inicial, unos costes de explotación y unas ventas previstas, al poco tiempo de abrir al público, uno puede ver si se están cumpliendo las expectativas, se puede analizar qué está fallando, tomar medidas correctoras y sobre todo, estimar si la nueva empresa tendrá éxito. En cualquier negocio existirá siempre una elevada incertidumbre pero puede obtenerse información actualizada para hacer pronósticos. Por lo general, el crecimiento de estas nuevas empresas será orgánico.
Fundar una startup es algo infinitamente más complejo que montar un negocio, lo que caracteriza a este tipo de empresas es la innovación, y por lo tanto, la incertidumbre extrema. Generalmente se piensa en Google, Facebook o en TICs; pero también las hay de tipo industrial, en las que se pretende fabricar nuevos productos, para los que ni siquiera hay un mercado actual. El éxito de las startups está en detectar los océanos azules que serán esos mercados no existentes en la actualidad. Obviamente, las herramientas de financiación de este tipo de proyectos son muy diferentes a las de los negocios tradicionales, es necesaria la creación de ecosistemas de inversión en startups que permitan su crecimiento y supervivencia.

Lo más parecido a una startup es un joven deportista con la ilusión de llegar a lo más alto, o al menos ser lo suficientemente bueno en su especialidad para poder vivir de su deporte. El esfuerzo y la dedicación son condiciones necesarias pero no suficientes para triunfar. Pensemos que para producir un “Rafa Nadal”, necesitaremos generar decenas de jugadores de segunda fila, muchos no llegarán ni a profesionales. Recordemos que en el deporte de alta competición, uno no puede estar en la media (palabra etimológicamente relacionada con “mediocridad”), es imperativo despuntar para poder tener una dedicación profesional.

Al igual que en las startups recién fundadas, la vida de las jóvenes promesas del deporte es muy sacrificada, porque su prioridad es prepararse para ser grandes estrellas mundiales. Conozco muchas startups que requieren varios años antes de llegar a su punto de equilibrio o incluso hasta facturar su primer euro, para la desesperación e incomprensión de los familiares. Muchos de esos proyectos fracasarán porque no lograrán superar el temido valle de la muerte, otros sobrevivirán gracias a un crecimiento explosivo que se producirá tras un periodo de maduración.

Más allá de lo políticamente correcto, y aunque haya habido mejoras en la creación de ecosistemas, no hay que engañarse, seguimos lejos, a años luz, de países como EEUU o Israel.  Por poner un ejemplo, el país hebreo cuenta con una startup cada 1.800 habitantes,  la mayor concentración del mundo, que capta inversiones anuales de capital riesgo por valor de 2.000 millones de euros, que equivalen a unos 250 euros por habitante, cifra más de 40 veces superior a la de España.

Fernando Casado Bonet

Ingeniero de Caminos y Emprendedor Innovador. Presidente de Tecment Tecnología y Gestión Constructiva SL (NIGHTWAY, MATEC-Q), y miembro de la junta directiva del Instituto Valenciano de la Empresa Familiar (IVEFA)