Buscando el milagro innovador español

Hace unas décadas, el deporte español apenas tenía peso internacional. Milagrosamente, no se sabe muy bien cómo, contábamos con un muy reducido grupo de héroes quijotescos como Manolo Santana, Ángel Nieto o Severiano Ballesteros.

Todo ello cambió radicalmente a partir de 1986, Barcelona fue designada como sede de los Juegos Olímpicos de Verano de 1992 y España entera recibió la noticia con entusiasmo. Los ciudadanos admitimos que era necesario mejorar el protagonismo del deporte español, además marcando un claro objetivo a seis años vista. Se realizaron inversiones económicas, tanto destinadas a nuevas infraestructuras como a centros de alto rendimiento. Pero principalmente, supimos dar el merecido protagonismo a los futuros deportistas, los atletas que debían competir en los juegos de Barcelona.

Los resultados fueron espectaculares, pasando de las 4 medallas en los JJOO de Seúl, a las 22 conseguidas en Barcelona. Desde entonces no han dejado de caer barreras para el deporte español, ya no es meramente una cuestión de solistas surgidos de la nada, sino que hemos pasado a ser un país ganador de mundiales de balonmano, baloncesto y hasta de fútbol.

Si fuimos capaces de facilitar el “milagro del deporte español”, más necesaria sería ahora una revolución en la capacidad innovadora de España, especialmente considerando hacia dónde se dirige el mundo. Aunque seamos un país referente en la cantidad de publicaciones científicas (décima potencia mundial), ello  no se traduce en generación de patentes (vigésimo quinto en patentes en curso). “Somos muy buenos convirtiendo el dinero en conocimiento pero malos convirtiendo el conocimiento en dinero”, solía afirmar don Luis Cueto, un auténtico todo-terreno de la Administración Pública Estatal, ex-Subdirector General de Fomento de la Innovación Empresarial en el Ministerio de Economía.

Al igual que nuestro desempeño deportivo en el siglo pasado, la innovación en España está muy por debajo de nuestras capacidades como país. Sin embargo, nuestro punto de partida quizás no sea comparativamente tan malo. Por poner un ejemplo, cuando una empresa de base tecnológica como la nuestra, requiere conocimiento para innovar, no necesita generalmente salir de nuestras fronteras para buscar competencias, incluso dentro de nuestra comunidad contamos con universidades e institutos tecnológicos, muy bien dotados con personal y medios, que permiten a las empresas acometer proyectos con garantías.

¿Qué es entonces lo que está fallando?: en mi opinión, la solución no está (exclusivamente) en una mayor inversión pública en I+D+i. Creo que la solución está en reconocer que el mundo de la innovación NO depende exclusivamente de lo público. Porque un país es sano, cuando al menos dos tercios de la innovación la realiza el sector privado, algo que en España solo ocurre en el País Vasco. Por ejemplo es un dato a considerar que sólo cuatro empresas alemanas invierten más en I+D+i que toda España junta (empresas y sector público), y que solo una de ellas invierte más que todo el conjunto se empresas españolas.

Siguiendo con el símil deportivo, es como si nos hubiéramos limitado a invertir en centros de alto rendimiento deportivo (que equivalen a universidades, centros tecnológicos etc.), pero no hubiéramos sabido incentivar un ecosistema de deportistas de élite, ya que son los emprendedores innovadores y las empresas consolidadas, quienes deben que conseguir las medallas en innovación).

Esta semana, cierto responsable político afirmó en un foro empresarial que “El sector público debe hacer de árbitro para dejar que el balón ruede bien”, yo iría más allá, pediría a la Administración Pública que no solo deje jugar, sino que además haga de hincha, animando la innovación empresarial.

¿Cómo se incentiva la innovación empresarial? ¿Con qué clase de políticas? El modelo subvencional, tan en boga para algunos, demuestra que no es la vía más acertada, porque no se premia a los que tienen éxito, sino que se fomenta lo que yo llamo la innovación “a golpe de power point”. Existe el peligro de que, cuando haya dinero, vuelvan a surgir  empresas “innovadoras” que tengan como único objetivo vivir de las subvenciones públicas, y eso está muy bien para el arte pero no para proyectos empresariales. Otro aspecto negativo de este sistema, son los plazos en los que la empresa dispone de los fondos, porque el emprendedor innovador verdadero, no puede esperar a que publiquen una convocatoria o que a te aprueben una subvención para un determinado proyecto. Si normalmente “el tiempo es oro”, puede llegar a ser un diamante rosa en la innovación.

Tampoco son totalmente efectivos los incentivos fiscales, en muchos casos porque las startups, no suelen pagar muchos impuestos, debido a las fuertes inversiones iniciales, aun considerando que los incentivos se puedan diferir en el tiempo, lo crítico es superar el temido valle de la muerte. En cambio para las empresas ya consolidadas, ésta sí puede ser una herramienta útil.

Los préstamos estatales blandos pueden tener su utilidad cuando se requiere financiación en inmejorables condiciones pero ¿Cómo se devuelven los préstamos si tras tener éxito en la innovación nadie te compra la novedad? Independientemente de las bondades y ventajas del nuevo producto, para las Pymes en general, la fase de primeras ventas es muy complicada. Una dificultad añadida la tenemos los que contamos con el sector público como principal cliente, ya que la Administración suele ser conservadora, poco dada a innovar, y algunas veces, no se comporta como un cliente responsable por anteponer el precio a corto plazo frente a otras consideraciones como son el ciclo de vida, la sostenibilidad, huella de carbono, costes de mantenimiento etc.

En mi próximo artículo trataré, de una muy buena herramienta para incentivar la Innovación empresarial que es la Compra Pública de Innovación y del procedimiento de Asociación Público Privada para la Innovación. Sin tampoco ser la panacea, lleva implícito la parte más compleja del proceso de innovación, que es logar las primeras ventas. A pesar de ser un sistema impulsado por la Unión Europea (FEDER 2014-2020), la mayor dificultad de este sistema reside en el cambio de filosofía de los gestores públicos.

Solo mejorando los malos datos actuales de innovación empresarial, y al menos manteniendo la inversión pública en I+D+i,  lograremos, emular el “milagro deportivo español”. Además mejoraremos la competitividad de las empresas, no basada en salarios bajos y empleos precarios, sino en el valor añadido de lo que produzcan las empresas.

Fernando Casado Bonet

Ingeniero de Caminos y Emprendedor Innovador. Presidente de Tecment Tecnología y Gestión Constructiva SL (NIGHTWAY, MATEC-Q), y miembro de la junta directiva del Instituto Valenciano de la Empresa Familiar (IVEFA)