Infraestructuras en situación de emergencia

Eduardo Echeverría García

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Especialista en cuestiones hídricas.

FacebookLinkedIn

Tenía que pasar. Los que llevamos años denunciando la falta de mantenimiento de las infraestructuras no nos hemos sorprendido por los últimos sucesos en Vigo, donde se pudo desencadenar una tragedia, y en Génova, donde la tragedia se desencadenó.

El mantenimiento de infraestructuras es un trabajo invisible que permite mantener las mismas en óptimas condiciones de uso. Porque las obras públicas se deterioran por el tiempo y el uso, como pasa en nuestra casa y en nuestro coche. Quien más, quien menos, todos llevamos en la cabeza cuantos kilómetros tiene recorridos nuestro coche, cuál es la vida útil previsible del mismo, e incluso tenemos en mente ir guardando dinero para cuando nos interese cambiar de vehículo poder hacerlo. ¿Por qué no hacen lo mismo las administraciones con las infraestructuras? Muchas y variadas respuestas hay a esta pregunta pero quizá dos destaquen por encima de todas: cortoplacismo y electoralismo. Cortoplacismo porque llevar a cabo un buen mantenimiento de obras públicas trasciende a una legislatura y eso no interesa. Y electoralismo porque el mantenimiento es una tarea gris que no da portadas en los periódicos ni da votos.

Por estas razones, entre otras, cuando llega la crisis económica las partidas para el mantenimiento de obras públicas se resienten, con los resultados que estamos viendo.

Las diferentes asociaciones sectoriales y colegios profesionales relacionados con el sector de la construcción llevamos años denunciando la baja inversión en mantenimiento de carreteras, ferrocarriles y presas. Busque el lector, por ejemplo, el último informe de la Asociación Española de la Carretera, que otorga la peor nota en la conservación de los firmes españoles en muchos años. En la Asociación de Ingenieros de Caminos estamos preparando un informe sobre el estado de las Obras Públicas Españolas y las conclusiones preliminares también son elocuentes. Nuestras obras públicas están peor año a año. Esta falta de inversión en mantenimiento tiene dos efectos sobre el contribuyente. Como mal menor, que el mantenimiento preventivo que no se haga ahora se traducirá en un mantenimiento correctivo mucho más caro en el futuro. Y como mal mayor, la posibilidad de que en cualquier momento, por un defecto no detectado o mal corregido, una estructura colapse y tengamos pérdidas irremediables.

Como técnicos llevamos años denunciando la disminución en partidas para mantenimiento de infraestructuras. Ha llegado el momento de que como usuarios exijamos a nuestros políticos que se preocupen del asunto. Por nosotros y por los ochenta millones de turistas que nos visitan cada año. El mantenimiento de infraestructuras es poco atractivo para los políticos porque no se puede inaugurar. Pero la ausencia del mismo tiene consecuencias fatales, como desgraciadamente estamos comprobando.

Eduardo Echeverría García

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Especialista en cuestiones hídricas.