Turismo para todos

Hoy en día, el que no ha hecho alguna vez turismo es porque no quiere. Es más: en algunas zonas se está estudiando restringir la afluencia de visitantes sencillamente porque no caben. ¡Si hasta en la subida al Himalaya hemos visto overbooking, con filas de presuntos escaladores que ponen en riesgo su vida y la de los demás!

O sea, que de alguna forma se acaba el turismo de masas. No le entendí en el lejano 1998, cuando a Brujas le fue concedida la nominación de capital cultural europea para cuatro años más tarde. Felicité por esa promoción internacional al alcalde, Patrick Moenaert, quien, casi escandalizado, me confesó que se conformaría con obtener un nuevo auditorio, el actual Concertgebouw, y seguir con su apacible vida de ciudad turística y provinciana.

¡Qué razón tenía! Por la falta de previsión que han tenido otros, les ha pillado el toro de la masificación a Barcelona, Venecia, Edimburgo…, donde casi resulta más fácil ver la polución creciente que los monumentos menguantes.

Hoy, con 1.400 millones de turistas al año, resulta imposible llegar donde nadie más esté haciendo cola, se trate del bello  Machu Picchu o de los templos budistas de Vietnam. Y eso, digámoslo ya, ha ocurrido en el último medio siglo. Recuerdo mis primeros descubrimientos, casi accidentales del hermosísimo Crater Lake o el increíble Bryce Canyon en la más absoluta soledad o la visita casi silenciosa a la ciudad de Antigua o al ominoso campo de concentración de Mauthausen.

Cada vez nos gusta más viajar a otros escenarios distintos al de nuestra cotidiana existencia. Pero, mientras lo hagamos en masa, atropellándonos unos a otros para ver lo mismo, mejor será leerlo en libros de viajes o verlos en vídeo mientras uno se toma un refresco sin salir de casa.

Enrique Arias Vega

Periodista y Escritor. Ex director de publicaciones del Grupo Zeta, y de varios diarios pertenecientes a este grupo de comunicación