Lo somos todo en cuanto la nada nos pertenece

La escritora y poeta Rosa Lentiti presenta su último libro “Hermosa Nada”

“Hermosa Nada” explora la circunstancia de la impermanencia: todas las cosas condicionadas son transitorias, lo somos todo en cuanto la nada nos pertenece. El libro permite ahondar en la idea del “yo” para buscar lo universal, lo que nos une. La autora advierte que este no es un libro confesional, sino que es una manera diferente de enfocar la primera persona, sintiendo que todos formamos parte de ella.

El pasado fin de semana Rosa Lentiti presentó este poemario en la librería Bartleby (Ruzafa). La autora estuvo acompañada por los escritores José Luis Falco y Antonio Méndez Rubio, autor del epílogo. Méndez afirmaba haber sentido ciertas contradicciones a la hora de escribir el epílogo ya que es un libro del que hay que hablar desde dentro para poder verlo y sentirlo con claridad: “El libro me obligaba a hablar desde él no sobre él”. José Luis Falco tuvo sensaciones parecidas: “es difícil dar un sentido al libro porque parece que cada poema se cierre en sí mismo”, explicaba.

El poemario se encuentra perfectamente estructurado. Comienza con una cita de la autora Tess Gallagher que habla sobre la esperanza:

“…como quien prolonga

el momento con su muerte intacta,

con su corazón demasiado sabio,

limpio de los deshechos que llamamos esperanza.”

Esta mujer al igual que otras a las que la autora hace referencia dentro del libro, le ha servido como fuente de inspiración, como aliada. Lentiti afirma que de alguna manera dentro del libro “hay un diálogo entre mujeres”. Realza la perspectiva de género haciendo referencia a la diferencia entre el punto de vista desde el que escribe un hombre y una mujer: “nosotras defendemos algo que el género opuesto no sabe defender, las mujeres y el feminismo defienden la relación con el otro, que se siente extraño ante una situación normalizada”. Por eso este libro de alguna manera tiene la capacidad de abrir los ojos.

 La obra comienza y acaba con “el soplo del diablo”, dos poemas que dan consonancia a la obra a modo de introducción y conclusión. Trata el tema de la familia como parte fundamental de la vida y habla sobre la maternidad, la enfermedad, la muerte y el duelo de una manera muy humana, consiguiendo tocar la sensibilidad del lector.

Como describe Antonio Méndez, la autora es capaz de matizar y ensanchar la capacidad del poema para abrir mundos desde la posición de un “tiempo-sintiempo”, creando un ambiente en el que “lo que muere es una manera de vivir el tiempo, que hace sitio para aprender a vivir de nuevo, con otro ritmo”.