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La baja participación la gran protagonista de las elecciones en Catalunya.

Aproximadamente la mitad de los catalanes con derecho a voto no acudió a las urnas y el independentismo subió hasta el 51%, aunque quedan muy lejos de representar a la mayoría de ciudadanos

Este 14 de febrero se celebraron elecciones autonómicas en Catalunya. El Partido Socialista fue la formación más votada, el bloque a favor de la independencia se alzó a 74 escaños, 6 por encima de la mayoría absoluta, y Vox irrumpió con una fuerza de 11 parlamentarios, muy por encima de sus competidores por el centro derecha, Ciudadanos y Partido Popular. Unas  elecciones en las que la abstención ha sido la gran protagonista, ya que uno de cada dos  catalanes optaron por no acudir a votar.

La candidatura del PSC, con Salvador Illa como cabeza de lista, confirmó los pronósticos de las encuestas preelectorales alcanzando un buen 23% del voto y 33 escaños. Tras dos elecciones viéndose superados en el constitucionalismo por Ciudadanos, estos números suponen su mejor marca desde el año 2006, con José Montilla como presidenciable. El ‘efecto Illa’ existía e Iván Redondo lo tenía claro. El ex Ministro de Sanidad ya ha declarado su intención de presentarse a la investidura, lo que parece más un acto publicitario, que uno político formal. No tiene los números suficientes para ser el President de la Generalitat.

La formación presidida por Inés Arrimadas volvió a vivir otra noche amarga al quedarse en 6 parlamentarios, números desastrosos, pues supone un retroceso de 30 escaños con respecto a 2017. Cabe recordar que entonces, ganaron las elecciones y la mayor parte del voto constitucionalista se concentró en la formación liderada en ese momento por Albert Rivera, tal y como ha pasado en esta ocasión con el PSC, que se ha convertido en el voto útil no independentista. Ciudadanos tiene un futuro muy complicado a nivel nacional, ya que como podemos observar, va retrocediendo a pasos agigantados, incluso donde nació.

En el bloque independentista no hubo voto útil, sino una nueva disputa con foto finish entre Esquerra Republicana y Junts. En esta ocasión los liderados desde Waterloo por Carles Puigdemont obtuvieron un escaño menos que la candidatura encabezada por Pere Aragonès, quien probablemente será investido President en los próximos meses con la ayuda de Laura Borràs y la CUP, que ha subido hasta los 9 parlamentarios. Esta aritmética sería lo natural, pero en política nunca se sabe. No es descartable una repetición electoral ideada desde Bélgica. El liderazgo de ERC supone una gran novedad en el Procés, con un Oriol Junqueras haciendo campaña fuera de la cárcel y un PDeCAT que no obtiene representación y le resta lo justo a la derecha independentista para no liderar por primera vez, nada se puede dar por sentado. En la negociación podrían tratar de fijar alianzas más transversales con los ‘comuns’.

En Comú Podem, tras una campaña mirando a las izquierdas de ambos bloques, se mantuvo en los 8 escaños conseguidos años atrás, con un leve retroceso en porcentaje de votos. De cara a la investidura tratará de hacer efectivo el pacto progresista, escenario que a día de hoy es poco probable.

Entre los grandes triunfadores de la noche se encuentra el partido de Santiago Abascal, que entra en el parlamento catalán con 11 escaños y un 7,8% del voto. A su vez, el Partido Popular se hunde con 3 diputados y un 3,9%, su peor resultado histórico. Ni la gran bajada de Ciudadanos lo ha evitado. Los populares catalanes tienen un gran problema a nivel autonómico y esto ha podido abrir un debate sobre qué modelo de partido va a marcar su agenda a nivel nacional de cara a las nuevas citas electorales. Con Vox siendo una de las imágenes protagonistas de la jornada y probablemente pisándoles los talones en próximas encuestas, los de Pablo Casado tendrían que adoptar una nueva vía. Buscar el centro derecha con la táctica Feijoo, incluso fijando nuevas alianzas con los de Inés Arrimadas, en caída libre. Adoptar el modelo Ayuso, una estrategia más populista y cercana a Vox, que presumiblemente triunfe en Madrid. O no hacer nada y mantener la línea actual. Los próximos meses serán clave para el devenir de la derecha española.

Grandes perdedores

Entre los grandes perdedores, se encuentran los catalanes y catalanas. Estas han sido las elecciones autonómicas en Catalunya con menos participación de la historia con una abstención del 46,5%. Es decir, prácticamente la mitad de los llamados a las urnas ha optado por no votar. El miedo al COVID19, a pesar de la insistencia por parte de los políticos de la seguridad, ha estado por encima del debate territorial. La movilización ha sido ligeramente más baja entre los votantes constitucionalistas, por lo tanto, los partidos independentistas han alcanzado su récord histórico con algo más del 51% del voto, y que, si se tiene en cuenta los que no han votado únicamente, apenas representan al 30% del censo. A pesar de superar la tan ansiada barrera del 50%, queda lejos de ser el sentir general de la mayoría de los catalanes, pues una de cada dos personas con derecho a voto no ha expresado su opinión en las urnas. No han sido unas elecciones plebiscitarias entre el Sí y el No a la independencia, como sí lo fueron las de 2015 con la coalición Junts Pel Sí y las de 2017 tras la aplicación del artículo 155. En ambas obtuvieron algo menos del 48% del voto.

Ante este grado de abstención, y que supone la no participación de la mitad de catalanes, los partidos catalanes deberían plantearse si ha sido únicamente por el coronavirus, o si se trata de un cansancio de los ciudadanos y ciudadanas ante una campaña centrada únicamente en el debate territorial sin hacerse mención a cuestiones como los servicios sociales, el empleo, la educación,…, mientras que muchas empresas abandonan el territorio catalán. Un debate que podría también llevarse a los grandes partidos estatales.