Los populistas del agua

Desde 1993 cada 22 de marzo se celebra el día mundial del agua. Instituido por las Naciones Unidas, este día sirve para llamar la atención sobre la problemática que rodea a la falta de agua potable y saneamiento para millones de personas en el mundo y cada año la ONU propone un lema al efecto. El lema de este año es “Valoremos el agua”, y su objetivo es destacar el diferente valor que se le da al agua en el mundo y reflexionar sobre este hecho. Efectivamente, en las sociedades avazadas damos poca importancia al hecho de abrir un grifo en nuestro hogar y que mane agua en perfecto estado para aliviar nuestra sed. En otras sociedades por desgracia no es así, y aún hoy en día el acceso a agua potable implica esfuerzos ímprobos en comunidades pobres, por no hablar de las sequías recurrentes en ciertas regiones que agravan el problema.

Este problema, aparentemente superado en España, no hace tanto tiempo no era así. Sólo hay que darse un paseo por cualquier pueblo de nuestra geografía y fijarse en la placa que suele haber en la fuente de la plaza. En muchos casos se puede ver el año de inauguración de la fuente y, salvo escasas excepciones, muchas de esas fuentes son de principios del siglo pasado. Hace cien años era raro que hubiera agua corriente en las casas, salvo las que dispusieran de pozo, e ir a por agua a la fuente era una ocupación diaria de muchas familias. Y cuando llegaba la sequía, podía suceder que el manantial se secara y dejara de brotar agua de la fuente.

Que estas situaciones pasadas no se den hoy en día, salvo en casos muy puntuales, no puede ni debe ocultarnos la realidad de que España es un gigante con pies de barro. Ni nos llueve cuando toca ni nos llueve donde se necesita. Los datos así lo avalan. Si no tuvieramos presas y embalses sólo podríamos aprovechar el diez por ciento de los recursos hídricos estimados. Cuatro de cada cinco gotas del agua que bebemos en España proceden de un embalse. De ahí que hallamos desarrollado, desde hace más de dos mil años, un riquísimo patrimonio en obras hidráulicas para proveernos de agua donde y cuando la necesitamos. Es lo que José Luis González Vallvé bautizó con tanto acierto como “El milagro español del agua”. Hemos sabido dotarnos de obras hidráulicas que nos han permitido acceder al agua con la misma garantía de suministro que en cualquier pais del norte de Europa, donde llueve a todas horas y en todas partes y por tanto estas obras no son necesarias.

Esta fortaleza es la que genera nuestros pies de barro, ya que hemos suplido con técnica la caprichosa disposición climática de la naturaleza y por ello dependemos de las obras hidráulicas. Sin embargo, quizá por la falta de valor que le damos a una agua que ahora mismo tenemos asegurada todos los días, hemos dejado que alcance cierta repercusión el relato de populistas que braman contra las obras hidráulicas, los populistas del agua. Suelen ser perfiles con formación técnica residual que compensan con una sobrada capacidad de demagogia. No es complicado identificarlos porque usan con fruición la palabra “Franco” cuando de presas o embalses trata la frase. Abogan por la libertad de los ríos desde sus dispositivos electrónicos sin dejar de disfrutar del agua y energía que dan nuestras presas y centrales hidroeléctricas. Usan casos particulares para llamar al ruido y la furia en su enmienda a la totalidad contra las presas españolas. Y como buenos populistas, siempre encuentran quien les compre el mensaje. Y otro tanto pasa con las centrales nucleares.

Sólo así puede explicarse que hace unos días alguno de estos populistas celebrase en redes sociales el día mundial contra las grandes presas y el público en general no le abochornara esta actitud, por otro lado nada inocente. Cómo me gustaría llevarme en una máquina del tiempo a un puñado de estos individuos al pueblo de mi bisabuela hace cien años para que escucharan su discurso. No iban a tener campo para correr.

Sólo en una sociedad anestesiada es posible que tengan cabida estos mensajes. Y por ello es necesario recordar todos los días, mientras bañamos a nuestros hijos, que lo que damos por garantizado en cualquier momento puede perderse. El valor del agua es enorme. El valor de las obras hidráulicas españolas también. Sin ellas retocederíamos a otros tiempos y a otras épocas. Ni un paso atrás con los populistas del agua.

Eduardo Echeverría García

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Especialista en cuestiones hídricas.