Ministros inexistentes

El otro día oí a un contertulio televisivo preguntarse dónde se había metido el ministro de Consumo cuando la crisis energética con la escandalosa subida de la luz. Lo mismo cabría hacer de la ministra de Exteriores con la crisis con Marruecos y la invasión de Ceuta. Si los ministros no están cuando las crisis, ¿para qué sirven? ¿O es que realmente ni siquiera existen?

Resulta que tenemos el Gobierno más nutrido de nuestra historia, tanto que dudo haya un solo ciudadano capaz de recitar la lista de ministros, tan difícil de memorizar como la relación cronológica de los reyes godos a la que les obligaban a nuestros abuelos.

Porque, vamos a ver, aparte de Alberto Garzón y González Laya, ¿a qué se dedican, por ejemplo, Pedro Duque, Reyes Maroto, Rodríguez Uribes o Manuel Castells?

Viendo la inexistencia real de estos y otros muchos ministros, bien podríamos prescindir de la mitad del Gabinete sin que la gobernación del país se viese afectada para nada, salvo en nuestros bolsillos, ya que nos ahorraríamos una pasta. Y dado que los ministerios crecen con la frondosidad de algunos árboles, no les cuento la cantidad de secretarías de Estado, direcciones generales y entes autónomos que sobrarían.

Lo malo, y ése es el quid de la cuestión, que ¿dónde se enchufarían tantos paniaguados de la política y cómo se justificarían la cantidad de asesores y otros cargos? Ésa, digo, es la explicación de la inaudita proliferación de ministros desconocidos: el cabildeo político, porque la realidad simple y llana es que esos ministros en la práctica no existen.

Enrique Arias Vega

Periodista y Escritor. Ex director de publicaciones del Grupo Zeta, y de varios diarios pertenecientes a este grupo de comunicación