Las malas formas en la política

A tenor de los insultos y descalificaciones que se lanzan unos a otros los diputados en el Congreso, las buenas formas no sólo están ausentes de la política, sino que nuestras señorías ejercen la peor pedagogía sobre los ciudadanos corrientes y molientes.

Pero en la política son tan importantes las formas como el fondo. Porque difícilmente puede haber buenas propuestas si se envuelven en invectivas y dicterios. Eso lo ejemplificó mejor que nadie el malogrado Josep Tarradellas, quien jamás tuvo una mala palabra para sus adversarios políticos, aunque se hallasen en sus antípodas.

Hoy toca, sin embargo, hablar de las elecciones anticipadas en Castilla y León, decididas con alevosía por su Presidente, Fernández Mañueco. Ya me dirán si no tiene delito que mientras el Vicepresidente de la región, Francisco Igea, estaba en una entrevista radiofónica fue destituido de sus cargos y sólo tras su intervención se enteró de que había estado hablando como portavoz de la Junta sin serlo ya.

Las razones esgrimidas de anticiparse a una traición fueron adobadas de insultos de una y otra parte y justificadas por el Presidente en la conveniencia para los ciudadanos, en vez de decir que lo hacía por intereses partidistas, que son los únicos que cuentan para estas abruptas decisiones.

Habrá que ver, de todas maneras, si la maniobra del PP regional le resulta rentable electoralmente, pues había llegado al poder sin haber ganado las anteriores elecciones y gracias al apoyo parlamentario de Ciudadanos.

En cualquier caso, el lío montado demuestra que lo último que importa en la política actual son los intereses de los electores y que las malas formas partidistas seguirán haciendo estragos.

Enrique Arias Vega

Periodista y Escritor. Ex director de publicaciones del Grupo Zeta, y de varios diarios pertenecientes a este grupo de comunicación